Uno de nuestros propósitos es que en la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz de Zaragoza cada rincón, cada liturgia y cada encuentro comunitario reflejen el amor de Dios y constante nuestra función como refugio para sus hijos.
Fieles a nuestra misión de acogida, evangelización y servicio a los feligreses, hemos decidido renovar la expresión visual que nos representa. No se trata de un cambio estético superficial, sino de una profunda renovación de nuestro lazo comunitario, pensada para transmitir con elegancia, cercanía y verdad la riqueza espiritual que nos une.
La historia y la vida de fe de una iglesia como la nuestra deben ser expresadas con delicadeza. Por eso, este nuevo símbolo no pretende competir con el lenguaje del mundo, sino para abrazar una sencillez evangélica y cercana. Fundamentalmente, tratamos de abrir las puertas a un lenguaje visual que hable con claridad a las familias, los jóvenes y los mayores del siglo XXI.
El nuevo signo de nuestra comunidad huye de adornos innecesarios para abrazar una limpieza de líneas que transmite orden, paz y equilibrio interior. En su estructura destaca, por encima de todo, la verticalidad. El eje central de la cruz orienta de manera natural nuestra mirada y nuestro espíritu hacia el cielo, recordándonos el significado profundo de la Exaltación: es un recordatorio constante de que estamos llamados a elevar el corazón hacia el Altísimo.
De la intersección de la cruz emana una hermosa trama de rayos que evocan la expansión de la Gracia y el anuncio del Evangelio. No contemplamos aquí una cruz de sufrimiento, sino la Cruz Gloriosa; el madero que irradia la luz de la Resurrección, la victoria de la vida y la esperanza. Es un dinamismo lleno de vitalidad que nos impulsa a salir al encuentro del prójimo con alegría renovada.
Los colores que visten nuestra nueva imagen parroquial han sido elegidos con un profundo sentido de pertenencia. El tono principal, un cálido naranja ocre, conecta directamente con la tradición y la historia de Zaragoza, evocando el humilde ladrillo mudéjar que sostiene tantos de nuestros templos. Es el color de la tierra, de la sencillez y de la hospitalidad, que nos recuerda la calidez de un hogar eclesial que acoge a todos sin distinción.
Acompañando a este color, un sobrio gris antracita aporta la serenidad y el respeto que merece la labor de la Iglesia. Esta combinación nos regala una lectura clara y limpia, asegurando que la palabra y el nombre de nuestra parroquia se presenten con la dignidad institucional necesaria, así como desprovista de cualquier frialdad.

En la base del símbolo se adivina una estructura que emula unas raíces profundas y una arquitectura sólida. Es el reflejo de una fe viva que se nutre de la historia de nuestra comunidad parroquial y de la vida de nuestros vecinos. La Iglesia se confirma, así, como un refugio firme en medio de las dificultades cotidianas.
Esta renovada expresión visual nos acompañará en adelante en cada paso del camino: desde la tradicional hoja parroquial impresa que une a nuestros mayores, hasta los entornos digitales y redes sociales con los que buscamos acompañar a los enfermos y acercar la Palabra a los hogares. Lejos de cualquier ambición corporativa, esta renovación es un puente pastoral hacia el mañana; una invitación luminosa a seguir caminando juntos, con los pies en la tierra y la mirada elevada hacia la Santa Cruz.
Desde el 7 de mayo de 1964, la atención pastoral de la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz está confiada a sacerdotes del Opus Dei.
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